Es frecuente escuchar sobre el tema de las premoniciones, así como sobre la sincronicidad que desarrolló Jung.
Por otro lado, el mismo Jung veía al arte como vehículo del
inconsciente colectivo, como pararrayos que capta tensiones invisibles y que
termina siendo profético.
Pero todos los humanos, de hecho, somos ese tipo de pararrayos,
y todos vivimos experiencias de sincronicidad; no es un atributo exclusivo de
los artistas.
Cuento esto porque esta semana, al escuchar en los
noticiarios la frase “El Estrecho está cerrado”, resonó en mi mente, de
inmediato, esa misma frase en unos versos míos, que forman parte de mi último
libro (El canto postergado), que acaba de publicarse.
Éste es el fragmento (dos estrofas de un poema largo, de 18 páginas)
al que me llevó mi mente, por resonancia. Y, aunque se hable de otro estrecho y
de otro tiempo, todo se reúne en un punto del espacio y tiempo, que hace mágica
la experiencia:
Aquiles y la tortuga van
Huyendo por la escalera,
No alcanzan las aguas del mar
Ni la greda de la tierra
Para ocultar el fracaso
De morir en vana espera.
…
Diógenes perdió el candil,
Su búsqueda se ha abortado
Al grito de Pigafetta:
¡El Estrecho, está cerrado!
