Conmocionado por el triste caso de maltrato infantil devenido
en muerte, ocurrido en nuestra ciudad de Comodoro Rivadavia (el caso de Ángel) -que
no es un hecho aislado, sino que existieron muchos casos, algunos resonantes,
en los últimos tiempos- me permito algunas reflexiones.
Ante todo, no deja de preocupar el deficiente rol que en
todos los casos cumplieron (o están cumpliendo), tanto la justicia como las instituciones
públicas creadas para velar por los derechos de la minoridad.
Algo puede haber de responsabilidad personal (negligencia)
de los funcionarios involucrados, pero me parece que hay una cuestión más
grave, porque es sistémica y, por ello, más difícil de modificar: es una
cuestión ideológica que condiciona toda la vida social y que, aunque involucra
minorías, éstas minorías son muy poderosas y prevalecen por sobre las mayorías
silenciosas, amantes de la paz, el orden y el sentido común.
En el caso de Ángel, le
otorgaron la tenencia del niño a una madre que ya hacía años la había perdido o
había renunciado a ella, y que ahora ¡oh sorpresa! descubrió de repente su
vocación maternal. Como bien dijeron varios especialistas del derecho de
familia así como de otras ciencias sociales y de la salud, en este caso los
funcionarios, atravesados seguramente por la “perspectiva de género”, perdieron
la “perspectiva de infancia”. No pretendo discutir la perspectiva de género,
pero sí deviene en mala cuando se convierte en fanatismo o en dogma y obnubila
la visión integral de la vida y de la sociedad.
Ante este hecho concreto, no puedo dejar de recordar el
otrora famoso Decálogo de los Derechos del Niño redactado por los
prestigiosos pioneros de la salud pública, dres. Arnaldo Rascovsky (psicólogo y psicoanalista) y Florencio Escardó (pediatra y sanitarista) y, lamentablemente, en gran medida, olvidado:
- Derecho
a ser deseado: El niño debe nacer de un acto de amor y deseo
consciente de sus padres.
- Derecho
a ser alimentado al pecho: Defensa de la lactancia materna como
vínculo emocional básico.
- Derecho
a la salud física y mental: No solo ausencia de enfermedad, sino
un entorno que permita su pleno desarrollo.
- Derecho
a un hogar estable: Un espacio seguro que le brinde identidad y
contención.
- Derecho
a la educación: Formación que respete su singularidad y no sea
una mera imposición de conocimientos.
- Derecho
al juego: Reconocimiento del juego como la actividad vital y
"trabajo" fundamental del niño.
- Derecho
a no ser explotado: Protección absoluta contra el trabajo
infantil y cualquier forma de abuso.
- Derecho
a una identidad: A tener un nombre, una nacionalidad y a conocer
su origen.
- Derecho
a ser escuchado: Que su opinión y sus sentimientos sean tomados
en cuenta por los adultos.
- Derecho a la libertad: A desarrollarse sin presiones filicidas (agresiones inconscientes) que limiten su potencial.


