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viernes, 10 de abril de 2026

VOLVER A RASCOVSKY - El triste caso de Angel en Comodoro Rivadavia

 


Conmocionado por el triste caso de maltrato infantil devenido en muerte, ocurrido en nuestra ciudad de Comodoro Rivadavia (el caso de Ángel) -que no es un hecho aislado, sino que existieron muchos casos, algunos resonantes, en los últimos tiempos- me permito algunas reflexiones.

Ante todo, no deja de preocupar el deficiente rol que en todos los casos cumplieron (o están cumpliendo), tanto la justicia como las instituciones públicas creadas para velar por los derechos de la minoridad.

Algo puede haber de responsabilidad personal (negligencia) de los funcionarios involucrados, pero me parece que hay una cuestión más grave, porque es sistémica y, por ello, más difícil de modificar: es una cuestión ideológica que condiciona toda la vida social y que, aunque involucra minorías, éstas minorías son muy poderosas, además de ruidosas, y prevalecen por sobre las mayorías moderadas, amantes de la paz, el orden y el sentido común.

En el caso de Ángel, le otorgaron la tenencia del niño a una madre que ya hacía años la había perdido o había renunciado a ella, y que ahora ¡oh sorpresa! descubrió de repente su vocación maternal. Como bien dijeron varios especialistas del derecho de familia, entre otros la Dra. Fátima Silva, así como de otras ciencias sociales y de la salud, en este caso los funcionarios, atravesados seguramente por la “perspectiva de género”, perdieron la “perspectiva de infancia”. No pretendo discutir la perspectiva de género, pero sí se convierte en mala cuando deviene en fanatismo o en dogma y obnubila la visión integral de la vida y de la sociedad.

Ante este hecho concreto, no puedo dejar de recordar el otrora famoso Decálogo de los Derechos del Niño redactado por los prestigiosos pioneros de la salud pública, dres. Arnaldo Rascovsky (médico pediatra y psicoanalista) y Florencio Escardó (médico pediatra y sanitarista) y, lamentablemente, en gran medida, olvidado:

  1. Derecho a ser deseado: El niño debe nacer de un acto de amor y deseo consciente de sus padres.
  2. Derecho a ser alimentado al pecho: Defensa de la lactancia materna como vínculo emocional básico.
  3. Derecho a la salud física y mental: No solo ausencia de enfermedad, sino un entorno que permita su pleno desarrollo.
  4. Derecho a un hogar estable: Un espacio seguro que le brinde identidad y contención.
  5. Derecho a la educación: Formación que respete su singularidad y no sea una mera imposición de conocimientos.
  6. Derecho al juego: Reconocimiento del juego como la actividad vital y "trabajo" fundamental del niño.
  7. Derecho a no ser explotado: Protección absoluta contra el trabajo infantil y cualquier forma de abuso.
  8. Derecho a una identidad: A tener un nombre, una nacionalidad y a conocer su origen.
  9. Derecho a ser escuchado: Que su opinión y sus sentimientos sean tomados en cuenta por los adultos.
  10. Derecho a la libertad: A desarrollarse sin presiones filicidas (agresiones inconscientes) que limiten su potencial.
Varios de estos derechos fueron vulnerados en el caso que nos ocupa. Ahora hay un reclamo de justicia, pero los sufrimientos y el triste final de Ángel y su familia ya no tienen vuelta atrás. Ojalá sirva para despertar conciencias y evitar futuros casos.

jueves, 2 de octubre de 2025

DE LO FEO, VACUO Y BANAL

 


“Cada época tiene su pulso; hoy lo urbano captura la fugacidad y la urgencia: todo debe durar 15 segundos; si dura 20, aburre. Estamos idiotizados.“ (Iván Noble, entrevista en La Nación 02/10/25).

 Mi idea es que las cosas nos aburren si duran más de 15 segundos, no sólo porque estamos ansiosos, sino porque esas cosas que nos aburren son, de verdad, aburridas.

Vivimos consumiendo chatarra; videos o canciones sin verdadero contenido, textos con la profundidad de un charco; todo muy frívolo, superficial, en muchos casos incluso idiota.

Y no son sólo los medios; hasta la literatura se ha contagiado de este mal. He intentado leer algunos autores noveles y me llevé una sorpresa desagradable. Salvo honrosas excepciones, me encontré con obras sin densidad, sin verdadero contenido, salvo la anécdota. Finalmente me convenció la recomendación que me hiciera años atrás un buen amigo: “para novedad, los clásicos”. Y volví a los clásicos.

Tiene razón Noble. Es verdad que estamos idiotizados.

Hoy, gran parte de los que hacen de la palabra una profesión, no saben hablar ni escribir. Los discursos políticos, los programas periodísticos televisados y los artículos de la prensa están plagados de errores, tanto de ortografía como gramaticales; llenos de inconsistencias, frases mal armadas, giros idiomáticos utilizados incorrectamente.

Pero no hablo sólo de las formas; hablo del conjunto: no hay contenido en el discurso pero, para peor, tampoco se expresa con corrección. Así, viene a cuento aquella conocida máxima: “la forma hace al acto, como el cuño a la moneda”.

Entonces nos aburrimos, en parte porque estamos idiotizados consumiendo basura pero, sobre todo, porque están idiotizados los emisores de esos mensajes, de esa basura.

Recuerdo que durante mi adolescencia y juventud existía un lema en la sociedad, que se tradujo en varios libros que fueron best sellers y el tema era motivo de conversación pública: la “búsqueda de la excelencia”. Hoy la excelencia no interesa a nadie. Sólo interesa lo rápido y consumible.

Lo triste es que en esta pendiente de la mediocridad, no sabemos cuál será el límite. Tal vez, dentro de un siglo, nuestros descendientes anden nuevamente con taparrabos y cazando con boleadoras.